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24/8/09

Maldita ranura


HE VISTO CÓMO BUSCAN. He visto cómo miran, mordiéndose los labios a menudo, a la espera de haber acertado cuando den contigo. Mínimamente. No necesitan más. Te encontrarán, no me preguntes cómo y, una vez ocurra, ya no podrás despegarte de ellos. No te dejarán, tampoco sabrías cómo demonios hacerlo. Y, te parecerá sorprendente, tampoco querrás hacerlo.


Capturado.

Te dejarás envolver por ellos, y serás absorbido por sus vidas. Lentamente. De manera implacable. Hasta que formen un uno con tu vida. Y ya nada volverá a ser como antes, y no tararees, esto no es el título de ninguna canción. Ya nada volverá a ser exclusivamente tuyo, personal, intransferible. Íntimo. Te contarán, y tú escucharás, porque son tus amigos o porque sólo quisiste ser amable con un desconocido. Y entonces no habrá vuelta a atrás. A partir de ese momento, su vida se meterá contigo en la cama, y protagonizará más de uno de tus sueños.

Tus sueños. Sus sueños. Sueños.

Conocerás a otros como tú. Quizás durante una conversación nimia. Y compartiréis, con extraño orgullo, la misma sensación: la constante necesidad de responder a las preguntas de otras vidas. Con respuestas exigidas, disfrazadas de consejos, que no tendrán nada que ver con vuestras angustias. Buenos guiones que curen gritos en cualquier momento.

Y un día te darás cuenta de que desconfías de los silencios, esos que antes endulzaban tu cotidianeidad, porque sabes que algo, que pronto conocerás, está pasando. Y tendrás que pensar, rápido. Dar respuestas. Y no se te perdonará que un día no quieras escribir guiones, no se te perdonará porque todo lo demás será menos importante.

Serás consciente de que lo que escribas será bueno para las otras vidas, nunca para ti. Te lo dijeron el primer día. Aquella reacción tuya, descaradamente incrédula, hoy te abofetea en la cara. Tenían razón. No sirve para ti. Nada de lo que sepas escribir, con la certeza del que sabe la verdad, servirá para ser tú más feliz. Maldita ranura que estará ahí, y que se irá tragando tus deseos. Para que no pierdas el tiempo, pensando en ti. ¿Otra vez tarareando? Las canciones son mensajes cifrados pidiendo auxilio, ¿quieres más gritos? No vuelvas a hacerlo.

Hasta el día en que ya no te mortifique.

Escribir para otros vidas mejores es un trabajo como cualquier otro. Apreciarás tus nuevas aficiones: guardar grandes, qué digo grandes, asombrosos secretos, desenmascarar el significado de reacciones o de silencios, razonar, y convencer. Aprender, para llenar barriles de respuestas, para ampliar el campo de los aciertos.

Tu libro de cabecera, las vidas que crucen por tu camino. Y, si realmente eres bueno, un día te encontrarás casualmente con el dolor, ése al que todos temen, pero tú no tendrás miedo. Sí, es curioso, pasará de largo, sin inmutarle tu presencia, porque no es a ti a quien busca. Entonces sonreirás, como un estúpido, con la tranquilidad del que no siente nada. “Qué suerte la mía”, pensarás, y seguirás escribiendo.

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