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26/8/09

Yogur

A veces nos tendríamos que detener un momento o bien ir más despacio, para ver más. O simplemente para ver. Lara me llamó a eso de las siete de la tarde. Su voz sonaba atropellada y sin duda estaba contenta.

24/8/09

Menka

EL DÍA QUE A CARME LE CAMBIÓ LA VIDA empezó como cualquier otro. Se levantó sin necesidad de oír sonar el despertador, se puso el batín celeste y lleno de bolitas y se fue directa al baño. Orinó, como lo hacen las vacas, que parece que tengan mucha prisa o mucho pis. Aunque, antes, refunfuñó “qué fría es la porcelana, madre”. Luego sonrió. Siempre que hacía pis sonreía. Aunque eso sólo lo sabían ella y las baldosas verde pistacho que le quedaban justo en frente. “¡Ay, si las baldosas hablaran!”

Cómo se come


PARA DELIA, EL DÍA ACABABA mucho más tarde que para los demás. Compaginaba los estudios con el trabajo, así que le tocaba ir a la oficina por la noche a recuperar horas. Ya de madrugada, volvía a paso rápido a casa. No quedaba demasiado lejos, pero no se entretenía, como gustaba hacer cuando recorría la ciudad. Así que sólo descubría el final intocable de los edificios cuando todavía había claridad.

Haberlo sido

ELENA NO CONOCIÓ A LUIS hasta que no habló con él por segunda vez. De hecho, no se acordaba de que hubiera habido una segunda vez. Por aquella época, ella no salía sin haber bebido antes (un detalle que no era percibido por la mayoría de los interlocutores que apreciaban su compañía). Por este motivo, muchas conversaciones no pasaban al archivo de su historia. Tampoco solía hacer discriminación alguna por cuestión de sexo, edad, o posición social. Lo que es lo mismo, hablaba con todo Cristo.

Pestiños


— ATIENDE, LINARES. Te he mandado llamar a mi despacho porque necesito que hagas algo. Algo importante. Acércate. ¿Cuántos años hace que trabajas en la empresa?

Sin el casi


ESE DÍA, MARGA TENÍA CINCUENTA y dos años y estaba aprovechando que era casi feliz trabajando como profesora de primaria en la escuela privada del barrio de Las Canteras, escuela que para dicho día había organizado una salida al campo con motivo de la llegada del otoño. De carácter reservado, era rubia porque el tinte y su marido lo quisieron así; y llevaba gafas para ver de lejos porque el oculista y su dificultad para leer los rótulos de la carretera también lo quisieron así. Y se le caían, como también se le empezaban a caer las tetas que un día fueron la envidia de la imaginería popular y sus devotos del barrio obrero de la Malaje, donde vivía con su Paco desde que se casaran viente años atrás un 12 de abril.

De vuelta (frag.)


ODIO EL FRÍO. El frío sirve para huir de él. Para acurrucarse en casa bajo el edredón, como un bebé que sólo quiere dormir hasta que le despierte el hambre. O para jugar durante horas, con la luz apagada, y acabar encontrando la mejor almohada. Para tomar café en buena compañía, sin azúcar, pero con un sobrecito risas morenas. Para que dragones de pacotilla hagan carreras a ver quién llega antes al final de la calle.

(Fragmento monólogo Sara, De vuelta)

La hora del Martini

ME SUDAN LAS MANOS. Seguro que no sale bien, seguro que no. Llego con tiempo, quedan siete minutos para las ocho. Cómo me pueden sudar tanto las manos. ¿Qué hago cuándo lo vea? ¿Notará que estoy hecha un flan? Qué horror. Ostras, cuánta gente, allí hay una mesa. ¿Me verá cuando llegue? Tendré que estar pendiente, no se vaya a pensar que no estoy o que… “Una tónica, por favor. Sí, sí, con mucho hielo. Gracias.”

Dónde morder


UNO A MENUDO INSISTE EN OLVIDAR aquello que no le interesa. El dolor, por ejemplo. Lo que no sé es si es consciente de que cuando aparece, de repente, es perro viejo que sabe dónde morder. Un labio cortado, algunas preguntas larguísimas y absurdas, y un hilito de miradas perdidas, primer balance de daños.

¿Y tú quién eres? o Fauna nocturna

LA BARRA DE UNA DISCOTECA es como una jaula, pero al revés. Las fieras están fuera. Gritan, se empujan, insultan, gruñen, saltan, bailan, ríen, lloran, miran y, sobre todo, buscan. Me llamo Sara y trabajo de camarera en una discoteca de moda, en La discoteca de moda. Lo más. De noche, cuando todo es más claro.

La pitonisa (proyecto de monólogo)


SOY PITONISA desde hace poco, vamos, desde que acerté. Le dije a un conocido que encontré en la cola del supermercado “el día menos pensado, te encuentras con un capullo y te pega un tiro”. Y así fue. El día menos pensado fue un martes, y al conocido le pegaron un tiro. Ahí empezó todo.

Valiente mujer

“NO PARARÁ HASTA QUE ME MATE, el hijo de puta.” Treinta y cinco años con un asesino en potencia y un asesino a diario. Matando ilusiones y entrega a cañonazos, con el puño cobarde y ciego. Vistiéndole cada día de morado y salpicando de llanto su boca.

Tatuajes en la cara

INICIO UN DÍA CALUROSO el relato de mi relato. Atrás quedan muchos intentos de sacar la cabeza de un agujero mudo en el que alguien o varios alguienes se empeñan en que permanezca, y yo intentando echar de mi casa fantasmas que se han instalado por el morro. Voy a explicar, si me dejan, las razones últimas de que dispongo para demostrar que las tengo todas al llegar a mi decisión. Con detalle o a grandes rasgos definiré mi opción como única y necesaria con la tranquilidad del que se supone estar en lo cierto.

¡Te das cuenta!

ENTONCES TE DAS CUENTA de que las cosas importantes no lo son. Entonces se te pasan por la cabeza un sinfín de desencuentros que te chocan y te hacen tambalear. Como cuando ése con quien has compartido hasta hoy cama, comida y situaciones miles, y que conoces tanto, casi te provoca un ataque cuando un día, tan corriente como otro, te dice que ya no quiere compartir más cama, comida y situaciones miles contigo. Él prefiere a otra: él, tu ex todo a partir de ahora.

Mensajes


ABRO LOS OJOS. Mañana fantástica en la ciudad que más me conoce, sol valiente en un febrero que se presenta tan impredecible como su predecesor. “Hoy puede ser un buen día”, plagio, y con esa mentalidad me tomo un soluble aunque prefiero el café. Fuerte. Negro. Amargo que no amargado. Vivan los extremos que no publicitan en la tele pero que nos proporcionan buenos momentos. A lo que iba. Que me pierdo y luego me cuesta tanto encontrarme. El café es como el papel de váter. No se reproduce. Cuando se acaba, tienes que ir a buscar más (es también como la suerte, que tampoco se reproduce ni se contagia. Te toca, o no te toca. Haber estado cerca no es ningún consuelo: casi jode más. Y ser consciente de que le ha tocado a alguien cercano, después de la efusiva felicitación de rigor, sólo te hace sentir un perfecto desgraciado).

Pasa y pisa

UNO SUELE TENER PENSADAS respuestas para cuando le pregunten algo que considere importante. Para mí, una de esas preguntas es "¿por qué escribes?". Después de la sonrisa nerviosa de rigor (que no deseo perder jamás, viva todo aquello que nos pone nerviosos y provoca que, aunque sea por un momento, temamos perder los papeles), rebusco entre mis respuestas desobedientes para decir, sólo y tanto: "Porque lo necesito, y porque cuando escribo sé que todo puede pararse: el hambre, el frío, el sueño, la angustia, mi tiempo".

Tres rositas rojas

ME GUSTAN LAS PLANTAS, pero sigo odiando los bichos. Insisto en tener plantas y he aprendido a matar bichos. Verdes, pequeños, con un montón de patas y tan insistentes como yo. Mi madre que tanto me quiere y que tan poco me entiende también insiste en regalarme rosales diminutos cada primavera, y ya van tres años. Rosales que no saben de poesía ni menos dónde se meten cuando se vienen conmigo. De hecho, sólo han florecido una vez, porque ya vinieron con sus flores puestas el día en que mi madre me los regaló. Lo han vuelto a hacer, esta semana. En pleno verano mareado y lleno de moscas equivocadas de estación y tan bobas como de costumbre.

Más


COMO UNA CHULETA, apuntado en la mano, para no olvidarnos. Ser positivo es una manera de ver que todo sigue, aunque algunas cosas que fueron importantes se rompan delante de nuestras narices; personitas que significaron lo suyo salten de nuestros días, a menudo casi sin despedirse (los que nos quieren no se van nunca: a mil quilómetros o desde el cielo, no se pierden ni una); e ilusiones que nos propusimos materializar se las trague la incomunicación o la falta de puntualidad: porque los momentos de nuestros relojes mareados suelen ser distintos a todo lo demás.

¡Salud!


TE MIRAN SIN PIZCA DE MIEDO O ATERRADOS, pero siempre a los ojos, y aguantan la mirada como si de un combate se tratara. Parpadeos, sólo para mojarse los labios. Te dan, ganadores o derrotados, y escuchan tus letras o te acompañan en tus pausas llenas de dudas. Respetan tus locuras y aceptan todas tus diferencias. Se van, pero siempre vuelven cuando los buscas porque te diste cuenta de que sola no ibas a poder comértelo todo. Ahí están: generosos y amables, generosos y a regañadientes. Como si llevaran todo el rato esperándote. A ti, que llevas tanto tiempo corriendo, tropezando, aguantando el equilibrio. Subida a una zapatilla, agarrada al aire o una mano buena, mano de buena gente. Y sumando.
Te entienden o al menos hacen el intento por conocer tu idioma. Buscan contigo la llave que siga abriendo puertas y, lo mejor de todo, encuentran, ganadores o derrotados, unos segundos hermosos que llenarán con unas risas o con un montón de ellas. Y esos abrazos que curan.

Salud, amigos.

Girona, 17 de junio de 2008

¿Tu autobús?


CALOR. EL AUTOBÚS SE RETRASA, o yo no me he enterado todavía de los horarios. Minutos atrás, ha llovido de manera repelente, algo que nos hubiera hecho mosquear, antes, antes de que nos percatáramos de cuán necesaria es el agua. “Qué bien, ¡llueve!”, decimos, intentando no mirar nuestros zapatos chirriando, nuestros tejanos pegados a la piel, nuestras gafas llenas de puntitos, nuestro pelo aplastado. Solidarios con los problemas que azotan el mundo. Un mundo que parece que durante todo este tiempo no ha estado ahí, secándose o inundándose, según el interés del que grite auxilio. “¿Ya llueve en los pantanos, que es donde tiene que llover?”, me dijo ayer un agudo que no aguado amigo, que puntualmente me hace reír una vez por semana, algo que no tiene precio.

Fantasmas


TRAS EL PRIMER CIGARRO DE LA MAÑANA, ése que sabe a perros y que hace que nos preguntemos porqué no hemos dejado de fumar aún, intento de amoldarme a mi sofá modelo caja de cerillas para ordenar vía palabras escritas un tema que me saca de quicio. Sí, los temas que nos sacan de quicio suelen ser aquellos que nos afectan, es decir, que todavía no nos son indiferentes y por lo tanto no podemos cantarlos victoriosos o desafinados. Los que perfectamente pueden ser utilizados en nuestra contra: estoy escribiendo sobre los fantasmas.

Aúpa


A PUNTO ESTABA DE TIRAR un montón de revistas que casi me obligan a dormir en el baño a falta de espacio cuando, como si de una señal se tratara, la bolsa en que las había metido ha decidido convertirse en vestido. Vamos, que se ha roto, porque de blanca ha pasado a lila y yo erre que erre metiendo más papel y ella aguantando el tipo hasta que ha dejado de ser ella. Desparramadas por el suelo, me ha llamado la atención una portada. Serrat sonreía y yo he aprovechado y le he metido mano.

Si aceptas jugar

BIENVENIDOS A LA CAZA. Porque son las cuatro de la mañana, y porque las risas fáciles se han mezclado hace rato con el hielo del vaso, y con las miradas de aquellos que no dudarían en meterte mano sin necesidad de mirarte primero. Tú, con tu pelo marrón, largo, perfecto y estirado, brillo en los labios y perfume caro. Y ese botón presuntamente desabrochado porque es que no dejan de empujarte por todos lados. Tú, intentando sonreír al tiempo aguantar la respiración para aparentar más altura y más pecho, y no pensar qué haces todavía aquí, qué es exactamente lo que esperas y porqué no puede ser éste el lugar adecuado.

Hilito

VENTOLERA. FRÍO. ASÍ NO HAY QUIEN CAMINE. Cuando ya estaba a punto de invertir en acciones de efferelgan, se le ocurre a una genial canción de Bruce Springsteen de la que me gusta todo menos el título entrar por mis oídos, provocando acto seguido el balanceo sin gracia de mi cabezota (“¿pero tú no estabas a punto de explotar hace un segundo? ¿A qué viene ese bailoteo?").

La pesadilla


ME HA VENIDO A LA MEMORIA un día después de que me dijeran en suramericano amable que mi aura era muy bonita. “Que te lo crees tú, para mí que yo ya no soy tan buena.”

Matadera


LIBRETA EN MANO, GANAS, Y SIN RASTRO DEL MIEDO. Cerca mía, suena una música que colabora en mi empeño. Pelín más lejos, una rotunda señora habla sola. Tiene razón, sin duda. Me ha pedido un café largo a gritos nada más entrar por la puerta, y un “con dos sacarinas” que ha logrado despeinarme. No, ahí me he pasado: cuando ella llegó, el despeinado estaba ahí.

Higiene íntima (y II)


Proyecto la película del día en la pantalla del espejo, a la espera de su bendición. Sólo mi triunfo le cerrará la boca a la cosa más subjetiva de mi mundo. Pues tampoco estoy tan mal, me digo aguantando la respiración. ¿Eso de ahí es un grano? Mientras unos y otras buscan arrugas a quienes insultar, yo sigo contando lunares.

Higiene íntima (I)


¿POR QUÉ CUANDO TE HE DICHO que iba a escribir sobre el cuarto de baño tú te has puesto a reír, y ella ha puesto cara de preocupación? Escribir sobre algo que se esconde tras un pestillo no es tan extraño o ridículo. La mayoría de cosas que realmente pensamos esperan con el culo dormido y frío a que nos decidamos de una vez a abrir la puerta. Esperan ser dichas. O al menos que les digamos que no van a serlo, así se dejarán de esperanzas engordadoras de sueños que acabarán explotándoles en la cara. “Soy tu pesadilla, ¿te importaría dejar de sudar? Se me están calando los huesos.”

Maldita ranura


HE VISTO CÓMO BUSCAN. He visto cómo miran, mordiéndose los labios a menudo, a la espera de haber acertado cuando den contigo. Mínimamente. No necesitan más. Te encontrarán, no me preguntes cómo y, una vez ocurra, ya no podrás despegarte de ellos. No te dejarán, tampoco sabrías cómo demonios hacerlo. Y, te parecerá sorprendente, tampoco querrás hacerlo.

Ya soy ama

TARDÉ MUCHO en volverme a sentar y escribir, escribir para mí. Para otros no dejé de hacerlo nunca. Me había acomodado en esa tranquilidad engañosa que me aturdía y evitaba que pensara en cosas que de verdad me importaban. Y me asustaban. El otro día volví a acordarme de él. Mientras resuelvo mi presente con bofetadas sordas y trapos de cocina, parece mentira que mi cabeza insista en devolverlo a mí, ahora. Ya casi era de otra época, de otro color, aunque no me costó pasearme con él entre días que creí haber guardado para siempre bajo llave en un baúl. O mejor debajo de una losa grande y gorda, que yo nunca he tenido un baúl. Cuando mi vida se dirigía hacia otra dirección.