Hilito

VENTOLERA. FRÍO. ASÍ NO HAY QUIEN CAMINE. Cuando ya estaba a punto de invertir en acciones de efferelgan, se le ocurre a una genial canción de Bruce Springsteen de la que me gusta todo menos el título entrar por mis oídos, provocando acto seguido el balanceo sin gracia de mi cabezota (“¿pero tú no estabas a punto de explotar hace un segundo? ¿A qué viene ese bailoteo?").


Al poco, ha aparecido una ancianita de esas que desmoronan. Sólo de verlas. No tengo ni puñetera idea porqué. Pero, a mí, me superan. Como me supera lo bueno y lo malo del extraño que pasa y ve todos mis sentidos. Ya lo dije, atrae e inquieta.

El viento la trajo hasta mí, igual que arrastra la nieve hacia nuestro lado, para convertirla en el agua que ayudará a que no nos quedemos tan secos. Por cierto, cierra el grifo cuanto te laves los dientes, cuando friegues los platos, cuanto te enjabones…, anda, no me seas vago que nos conocemos. Es que desde que lo sé, ya no me cae tan mal el viento. Además, cuando hace viento, el pelo queda más liso. Y más loco, y eso es divertido. Y lo divertido debería ser una asignatura en los colegios y un objetivo en los trabajos: así no habría tanto gruñón suelto.

Le ha costado lo suyo abrir la puerta, y no me ha mirado cuando ha entrado (toma izquierdazo a mi egocentrismo). Ha ido directa hacia una mesa. No he podido dejar de mirarla. Como una obsesa, ha debido pensar el hombre de mediana edad con cara de haber hecho algo malo que ocupaba la mesa de al lado. Como una obsesa, he pensado yo.

Después de sentarse, lentamente, como se hacen las cosas cuando ya no se tiene prisa, me ha pillado mirándola (lenta pero más rápida que yo…, interesante, todavía hay esperanza). Ha empezado a hablarme, sin dejar de enlazar frases y temas aun cuando yo he tenido que ausentarme algún momento. Su conversación, como un hilito, se ha enredado entre mis dedos, y me ha seguido allí donde he tenido que ir, y me ha acompañado cuando he vuelto.

Y Ancianita ha dejado de ser minúscula.

Porque ha venido al señor que mira los ojos y que es muy buen hombre y que le ha dicho que hasta de aquí un año no tiene que volver. Que la ve muy bien.

Porque que ella se hubiera esperado fuera pero su hija que es profesora y que vive en Llançà porque se casó con un chico de allí le ha dicho que iba a coger frío y que mejor la esperara dentro el tiempo que tardara ella en aparcar el coche gris oscuro que compró en Salt, allí donde venden coches de la marca esa de la que no se acuerda.

Porque también había venido su yerno pero con otro coche porque ya se sabe que a veces los hombres hacen cosas que no se entienden. Si todos iban al mismo sitio. Y no sería por el fútbol, porque hoy no había fútbol.

Y porque si no llega a tener cita con el médico, a ella no la saca nadie de su casa en Banyoles. La tarde no estaba hoy para ir a ningún sitio. Ya había ido al casal por la mañana, que allí se está calentito y pasa muy buenos ratos.

Una pena muy tonta me ha venido de golpe. Y ya me dirás tú a santo de qué, si yo a esa señora charlatana y dulce no la conozco de nada y no te digo a su hija que se ha pasado media hora buscando párquing y al raro de su yerno originario de Llançà. Cuando dejara de hablar y se levantara y se fuera por donde había entrado, ya no la iba a volver a ver. Ni a ella, ni a su hilito. Ay.

La mayor parte de la gente conocida y por conocer está deseando contarte algo que probablemente no necesites saber, o ya sepas, o simplemente no te interese, porque crees que no te aportará nada. Aunque, y no pasa a menudo, a veces te topas con alguien a quien desearías conocer más, y no es posible. “Hasta aquí llega mi hilito.” Pues vivan los buenos ratos que nos hacen salir hasta cuando hace viento.

Girona, 11 de marzo de 2008

Comentarios

  1. Muy bien escrito. Y profundo pero al mismo tiempo muy tierno. Sigue así, Eva.

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  2. Me ha gustado mucho. Entre el artículo y el cuento. Sigue así, directora. :)

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