Sumando puntos


Hace meses que no escribía un “artículo”. Supongo que no tenía nada qué decir, o no tenía ganas de decir nada. Creo que las personas necesitamos sumar puntos para sentirnos personas, con voz, para tener ganas de decir y hacer.


Sumar puntos es como ganar un premio, te sientes bien y te pones gordo de contento, se te quita el frío y el dolor de cabeza o de muelas y no te importa que te aprieten los pantalones, porque estás contento. Es sentir cómo una sonrisa se hace dueño de tu rostro, sin que tú puedas controlarlo. Como si algo por lo que has luchado deja de ser otro sueño que te salta y pasa de tu cara de pan de quilo. Es un acierto. Es el buen sexo, es un beso nuevo y perfecto. Un regalo.

Últimamente corro tanto que los días duran muy poco, no podría relatar uno de mis días, porque no me acuerdo, pero sí podría hablar durante horas de las noches. Esas enemigas estiradas que me esperan con ansia. “Te tengo ganas”, me dicen flojito. A veces un susurro da más miedo que un chillido, pienso. Ella me utiliza, y yo también a ella. Gana por goleada, 4 ojeras a 1. Una idea para recordar, para exprimir, para escribir, aunque sea en mi cabeza. El placer es mío, concluyo, estoy acostumbrada a pelear con ogros, mañana nos vemos.

Cuando más sabes más lejos estás de reunir todas las certezas. Me gustan los silencios y, cuando llegan, es cuando más hablo. Lo bueno es que no tengo que mentirle a nadie, no tengo que aparentar que todo va bien cuando no me creo una mierda de lo que digo a los que me escuchan. Que a veces soy yo misma. Como si lo que dijera tuviera algún sentido o fuera, además, cierto. O no lo hubieran escuchado antes. Sí, yo también me he dado cuenta. Siempre hay más de una opción, todo un alivio.

Y miro, sigo mirando. Letras, ojos, manos y bocas. Cuellos, espaldas. Voces. Orejas rojas y narices frías. Canciones. Mirar es buscar más allá de lo que se dice o se reprime. Volviste a morderte los labios, chica optimista, te he visto. Es fácil ver cuando no tienes demasiada prisa en adivinar qué hay detrás, cuando prefieres saborear o maldecir cada nuevo descubrimiento.

A mí me gusta imaginar historias cuando miro. No sé si serán ciertas, aunque siempre he creído que mi intuición traicionera escribía mejor que yo: algo nada fácil de tragar. En el autobús, haciendo cola para entrar al cine, esperando mi turno para comprar el pan, en un café, mientras él habla de su trabajo con una pasión por la que mataría, cuando leo. Cuando tú me cuentas cuentos.

¿Qué buscas, chica optimista? Hoy, un detalle que me alegre el día. Como una sonrisa de Nora, el bebé que sonrió un mes antes de lo que le tocaba y que a diario nos hace ser más personas a los demás. Será una chica lista, me digo, mientras desafino canciones inventadas que siempre dicen lo mismo. Cómo se puede ser tan dulce, exclamo, agradecida. No creas, tiene mucho carácter, me advierte mi hermana, más pequeña que yo pero con toda la sensatez que a mí me falta. Será una chica lista, insisto, tras consultarlo con mi intuición, morderme los labios, y seguir cantando. Ahora, que Nora me está mirando. Sumando puntos.

21 de octubre de 2009

Comentarios

  1. Sempre és un plaer llegir-te (ja ho saps) i aquesta vegada has estat brillant.
    M'encantaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!
    Un gir perfecte i un final de porte espectacular!
    No deixis mai de dir el que tens a dins perquè ho saps transmetre i això et fa única.

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  2. Me alegra volver a leerte.
    Un regalo.

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  3. Benvinguda de nou!
    J.C

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